Asilada en su cueva
la ramera piensa en su suerte
sueña con otra vida
y otro azar que la salve
serpentea en el techo sus sombras chinescas
la historia contada es de princesas
y hay colchones de plumas
con aroma a jazmines
y las risas felices de potenciales hijos
comida casera y caliente de campo
y una persona para amar que vuelve al lecho
sin pedir ni pagar, sólo dando y queriendo...
mientras proyecta la película en su mente de ruinas
la levanta la llamada,
otra vez a actuar gimiendo
otra piel de sudor incierto
y las sombras cual espejo que mantienen encendido
el hogar de ensoñaciones
y es el hilo de oxígeno
que callando la acompaña,
la sustenta...
la revive.
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