miércoles, 25 de abril de 2012

NOCTURNAMENTE

Animada, se sobreentiende que busca su mitad aunque no crea estupideces. El romanticismo no le importa pero le tira cuando se siente sin gusto por la vida que lleva.
La coneja se quiebra dando saltos en el jardín y sus hábitos de noche se aceleran mientras el señor almacenero cierra su boliche.
Pasea por la acera. Le preguntan cuánto. No sonríe para nada, sólo al amanecer cuando busca su escondite secreto entre las sábanas que ya no ofrecen trabajo sino tranquilo sueño de sueños por venir -que se repite- están llegando.
Esta ranciedad del enojo mal habido, del dolor acuñado y descentrado del motivo fiel inicial
 es un canto negro
 que resuena en mi oído para nunca más faltar.
No admite duda ni reseña ni candores,
se mezcla con la furia del paso del tiempo y su estela de impotencia.
Se funde desde el centro de mi ser y hace carne,
y pega y lastima
y se degüella, solo.
Sola me ha dejado y hoy,
las entrañas secas se arrepienten.

jueves, 19 de abril de 2012

INSTANTÁNEAS AUTOBIOGRÁFICAS

Esta bolita de carne es mía, pensó el padre y lloraba por primera vez de los tres llantos-hijos. Se enmudeció de palabras y le brotó una ternura, una manera nueva y suya. Nunca tuvo nada propio, quizá. Tan propio como un hijo, y se reservó un camino para tanto viaje cuyo mapa no conocemos del todo ni entendemos siempre. Pero llega a destino sobre cualquier desastre natural.

miércoles, 18 de abril de 2012

Para mi sobrina-

ADVIENE VALENTINA
...
Valiente Valentina, caracola dulce y pequeña
abril te recibe y da la bienvenida más allá
en tu mirada de estreno cómplice un brillo de otros ojos se cuela
y es en los de tu mamá donde hacen amarre
estímulo cálido y redondito de tu piel
que se entorna jugando y distraída
renace el hambre, el mundo todo,
la salida del dolor más absoluto, y se retira.


Amor de madres e hijas
amor nuevo y oportuno
amor de hoy y de siempre
amor, merecido y sincero amor.

lunes, 9 de abril de 2012

Pido disculpas,
por algunas cosas que no cambiaría pero hicieron daño.
Por otras que no hice, y ahora guardo en el principio de mi debe.
Por aquella palabra dañina sin intención, y alguna vez sí, adrede.
Por el egoísmo y la falta de posible presencia.
Por la debilidad, la inocencia permisiva.
Por la vista de ciertas miserias,
y el coraje de mostrarlas aún sin reservas.
Por la temperatura helada de mis brazos ante la gravedad del odio,
muerta la caricia y la sombra.
Indiferencia toda.
Por mi tosudez.
Por mi exigencia tenaz y absurda.