jueves, 17 de noviembre de 2011

Puntos de vista

Se habían sentado a polemizar, en el bar de la esquina que nocturnamente lo convocaba a él para escribir y ella se abnegaba a sus gustos por no molestar.
La tarde caía brutal en el semillero transitado de la ciudad y unas gotas en el cristal recordaban el chaparrón alado que habían visto. Un arco iris mítico pintaba la parte alta del cielo.
Se miraban revoleando pupilas y centímetros de odio.
No le parecía a ella que su infidelidad fuera para tanto. Él quería cortar la relación y ella asumía la pena y puteaba una vez más por haber cedido a la tentación del morocho ese con chapa de buen amante.
La podían esos cuentos, y en el hospital resonaba en pasillos varios... lo capturó y se lo comió de un beso y lo demás fue tan sublime como efímero... sin amor, no es lo mismo.
A él no le importaba nada, su terquedad lo mataba de enojo, furia, drama. Los celos de esa piel ardida por otro lo pulverizaban.
En un silencio ella se atrevió, paciente: PERDÓN. Murmullo obtuso y sincero.
NO. Tajante, solo y de decisión formal.
En eso entra una viejita, un hombre más joven la llevaba del brazo.
Se hacían arrumacos indecentes, pensó él.
Ella no pensaba ya, de tan agotada de hablar...
Algo les pasó de pronto.
Una frase escuchada conjuntamente, un TE AMO, PASE LO QUE PASE.
Charlaban de la construcción en una relación y sus avatares...
Ambos animadamente nombraban peleas, distancias, omisiones, descuidos, olvidos, reencuentros...

La nochecita daba paso a las estrellas y Selda y Juan, se dieron la mano por primera vez en tres días.

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