miércoles, 23 de noviembre de 2011

EXPERIENCIA

Cuando lo conocí lo vi fumando y su perfil de salado gesto me enterneció.
Así como masticaba y reía al mismo tiempo sin que se le viera la comida en la boca, admiré prontamente sus historias y modales pulcros.
Divertido y enamorante, me llevó al altar sin darme cuenta.
Hemos pasado una vida maravillosa, siempre fue mi apoyo y compañero... loco por mí, me deseaba hasta recién despierta.
Ahora que no estoy, que me he muerto, lo miro y me pregunto cuándo podrá con este dolor... triste y lloroso lo veo encarar sus días y no saber de cosas que yo hacía.
Aquí no hay nada... no nos esperan ni juicios, ni infiernos, ni cielos... somos una energía pendiente de los vivos; tratando de cubrir su sufrir permanente...
Estar muerto es asimilar el sentir del amado, de los afectos y ser cual catalítico  del corazón de nuestros queridos vivientes que continúan el ritmo de vivir.

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