Arriba hija mía que llega la luna bañada de plata y acuna la vida que ríe sonante en los brazos del sol que eclipsado te mira y pretende apadrinarte y hacemos un juego donde ellos dan vueltas al mundo y lo viajan certeros de enamorarte los ojos de verde esmeralda que te dió tu padre y la terca dulzura que te hereda esta madre...
Buen día mi cielo, no hay astros que puedan con el amor sincero que tendrás por los siglos de los siglos en medio de tormentas y tempestades funestas con playas amarillas de dorados remansos y buenas personas que harán de tu gesto una sonrisa tinta de colores variados que de pronto te salve de las maldades del mundanal realismo...
Y tendrás, muy importante... dos satélites protectores que con romanticismo y volcánicamente te harán sentir al crecer y si un día no estamos la persona más amada en la vía láctea.
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