domingo, 18 de septiembre de 2011

Cena entre amigos, un viaje, dos sombreros, un lugar muerto...

EL SALAR DEL HOMBRE MUERTO
Resulta que tiene una mina... (¿de carbón y oro...?) una mujer entre huesos perdida y esperando el rescate del siglo que no llega.
Le juraron sus protectores que sería un turista de sombrero junto a su pareja, una maga de los manjares y regaladora de sombreros.... quienes...

           " Ambos, expertos del universal jinetear de sales y especias, vienen de lejos sin saber que los aguarda ella... encadenada de horrores, tierna de esperanzas; cuyo sólo sentir es el de sortear este esclavismo salado y probar el dulce que le ha sido negado.
Ellos la ven, es tan pequeña, tan diminuta... ella la toma en sus brazos... él le canta... la mujercita despeja sus pupilas como hachas de piedra, su mirada amenaza con tener un corazón llameante pirateado por los dioses que la mantuvieron viva. Dicen que le daban agua y pescado y que el milagro cristiano se asentaba con tal de que la mística dama publicitara a los creyentes el aburrido credo.
Sin poder advertir su importancia, la pareja se instala y salvando-la; relanza al mundo la sincera osadía de no hacer los recorridos comunes, de ir más allá y acercarse allí donde los cielos abren hostias, carnavales, chimpancés... y se evitan los hechizos portando sombreros que parabolicen la sentencia de rayos cotidianos que encandilan mujeres que miran hacia atrás al irse, para ver si está el hombre REALMENTE MUERTO... y se quedan de piedra, rocosas encarceladas; por absurdas y tercas".

1 comentario:

  1. Esta leyenda es real, contada en rueda de afectos... produce una protección verdadera si hay bases cariñosas que cimenten el encuentro.
    Para ustedes, queridos... buen recorrido y felicidad!

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