Abro una puerta, está sin llave... tengo dos opciones, la entrada o quedarme.
Elijo el impulso, de colores el ambiente es angelical y de luz difusa.
Todos mis amigos sentados a la mesa, comen y brindan.
Sonrío y me siento aparte, a lo chinito, en el piso; no emito sonido... quiero degustar la escena. Hace mucho no los veo.
Los he visto llorarme y despedirme como había pedido en los chistes hechos en vida.
Ahora no es casual estar aquí, aparezco cada vez que me nombran... no siempre escuchar sus comentarios ha sido placentero. En una época de críticas y enojos lógicos duelaban mi ausencia y lo más difícil era no poder confortarlos.
Hoy los viajes son el tema, el anecdotario es largo y carcajeante.
Somos otra vez Las Cataratas, San Clemente, Atlantis... Mar del Plata y otros lugares.
Ríen emocionados y felices, recuerdan que es mi cumpleaños.
Mis arranques, dichos, terquedades, la vehemencia.
Mi hijo está con ellos, es un hombre. Su mujer es hermosa y tengo un nietito que ya camina.
Ella lleva un anillo que le dio él al comprometerse, se han casado con privacidad y usaron objetos que representaran mi estadía durante la ceremonia. Son artistas. Los siento contentos.
Ha pasado el tiempo, hubiera querido darles un abrazo a cada uno.
Las ácidas bromas aparecen y es un lujo seguir el hilo... lástima no poder corporizarme y conformarme con hacerles viento suave, una caricia volante, un recuerdo inducido...
Estoy viva en este instante, soy este momento, SOY en ellos.
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