martes, 13 de septiembre de 2011

CRUDA, HIRIENTE DE REALIDAD GENEROSA DE METÁFORAS... SENSIBLE Y DISPUESTA AL CAMBIO.

                           Sonata para un niño de la calle.

Riguroso estilete que penetra mi voz, cual si fuera en el alma la pionera razón, de cubrir
la mirada de esta imagen atroz.

Que la vida me diga, en que puedo ayudar, si es gritar, si es hacer, si es poder convencer.
La piadosa medida…  y poder proteger, a ese niño, a ese niño impedido de jugar su niñez.

Su padre no lo cuida, alguien lo debe hacer, que lo eduque la calle a furiosa merced.
Y que sufra en el ruido de su humilde saber, la agresiva secuencia de ‘no pertenecer’.

Que la lluvia lo acune y el frió también, la violenta amenaza, al instante a sus pies.
Y él sonríe inocente a la espera de amor, suponiendo la vida le traerá lo mejor.

                                                                            Leila Guzmán

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