Es un día especial.
Mi cumpleaños.
Solo, no reniego, entiendo el porqué.
Nadie toca la puerta.
Nadie llama.
No hay regalos, ni besos, ni abismos para ver si caigo allí o no.
Tus palabras izan la bandera correcta.
"Es tu cumpleaños... sería oportuno llamarte... aunque al lastimarme, no te lo merecés".
Doy ese paso a tu casa. Con flores. Con arrepentimiento. Con mi parte más expuesta en alza.
La apertura de tu puerta invita a tocarte toda, a subirme despacio a tus manos y labios, a comerte con ternura y de rodillas pedirte disculpas...
Pero es falacia.
No me he movido de lugar.
Sigo aguardando la fuerza que apague mi omnipotencia y me humildice... sature mis "no" de toda la vida... interrogue este corazón cual muro helado sin reacción a la calidez humana.
Soy un animal. Mi animalidad excluye al otro. Lo ignora.
La pareja entre mi sequedad y yo no puede ser, se desbarranca.
Llamo, saludame, cumpleañame, mimame... ¿Por qué lo harías? ¿Por ser mi cumpleaños?
Tus razones abundan, dañan, tallan mi remordimiento que remuerdo desde hace días, años... siglos...
Lo que sé. No es un feliz cumpleaños.
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