No había advertido la presencia de cierta locura en mi vida de las lindas hasta que como un arco iris maravilloso luego de la lluvia, lo supe.
A través de esto fui recorriendo pasajes de los más desestructurados, riendo con buen ánimo... no parecía la clínica un lugar tan inhóspito.
Cuando uno tiene cáncer, por más tratable que sea, la transformación es total en tu interior y exterior. Los demás también lo pasan.
No parece posible al inicio, es tan real que corta la respiración cuando se acepta y es aliviador cuando los tratamientos empiezan a ayudar y la vida vuelve cual sortija ganada en la calesita.
Entonces se pueden resignificar hábilmente los momentos, las prioridades, los hechos.
Entonces... es entonces, no hay peso en el pasado y el futuro una aventura iluminada que carece de autorreproches y vicios tontos.
Definitívamente, no somos los mismos. ni lo seremos nunca más a partir de ésta como de otras vivencias que marcan la vida.
Ver a mis hijos venir del parque de la vuelta de la clínica, sus mejillas rosadas de jugar, sus abuelos que los contienen, su padre... mi marido, dividido entre lo que soñamos y lo que ocurre... es una película de las más tiernas que no me quiero perder.
Me arreglo el cabello cuando sé que van a venir con una peluquera de aquí. Luzco piyamas cancheros y los beso mucho, hago como si no fuera para tanto... en realidad, solo ellos y mi marido lo son... son para mucho.
Escucho su semana, sus malestares escolares, sus preguntas... mi hija mayor, de casi seis años comenzará la primaria en marzo. Está preocupada por sus responsabilidades, siempre se anticipa ansiosa y reímos buscando que hebillas se pondrá ese día mientras sueño con llevarla de mi mano.
Me ha cuestionado, con su carita de miedo si voy a morirme... le he dicho que afortunadamente NO. Pero que debo quedarme más aquí y tenemos que tener fuerza y paciencia para pasar este tramo.
Dice que ayuda a su padre como puede, y limpia y peina a su hermanita y defiende a su hermano en el jardín. También quiere mis vestidos al crecer para ser como yo. Le respondo que será más linda, elegante y trabajadora. Sonríe... quiere los soleros y la peluca.
El calor de la calle nunca llega, me cuentan que febrero es bravo y yo que amo el calor lo fantaseo en la playa junto a la familia y comiendo tortilla con tomate; el agua salada con mucho yodo y verde de Aguas Verdes... la arena tibia del atardecer... mi amor pescando... todos cansados y mugrientos de mar y día de juegos.
Los doctores son agradables, prefiero que la doctora asuma las noticias difíciles ya que me las dice con ternura, luego toma mi mano y asegura ayudarme.
La respuesta que le he dado a mi hija no es segura, aunque todo haría pensar que sí.
Por ahora esto es lo que hay, no me quejo.
Mi fortaleza está puesta en mi imaginación y mis teclas al escribir.
Trato de sentir sin tanto temor, ni programar mucho. Ceno lo que me dan, aunque hay días que lo detesto. Soporto mi dolor, mi cambio corporal con altura y mi marido anima diciendo "que bella estás" al traerme flores de la calle y libros compañeros.
Su amor me sostiene.
Ahora, a relajar y dormir, mañana vendrán mis tres niños. Quiero recibirlos hermosa y mamá eterna. Buenas Noches.
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