lunes, 12 de septiembre de 2011

viejitos...

En algún tiempo no sabremos del ayer, o del hoy, el futuro será finito y los 20 años una maraña de ocasiones fantásticas que sabrán alegres o amargas, según condimentemos nuestra vejez.
Querido, necesito avisarte que mi mano tanteará la tuya, como siempre ha sido, por arriba de la colcha, por debajo de las sábanas o en el jardín de rosas que construimos o entre las migas de la mesa familiar donde los nietos produzcan de esos ruidos que nos harán sentir más vivos.
Conoceremos otros mares de los que hemos transitado en estos treinta años, pasaremos momentos de renovada entrega... supongo, mi amor, como siempre te he dicho y predicho y vos asintiendo mis locos planes y dejando que nos sorprenda el porvenir.
¿Hemos hecho de todo, verdad?
Ahora viene aquello que por apurados educando y trabajando no experimentamos.
Más sueños, más delicias, más risas... y las discusiones más ralas y sabidas.
¿Recordás cuando por celos te arrojé la taza por la cabeza? Qué pasiones despiertas y peligrosas de diosa de tu olimpo, que jubilosa tenía alternancias de ángel y diabla.
¿Aquél episodio fortuito donde creíste perderme y bajo la lluvia, con las bolsas del supermercado bailamos felices y enamorados?
¿Los partos y dolores que cada uno de nuestros hijos nos han dado?... las costuras de Ezequiel, las matemáticas de Pamela... hoy son hermosos adultos plenos y defectuosos asumidos; pudimos no ser esos exigentes que fueron con nosotros.
Viene un cambio, compañero y amante, marido y padre, par de mis equilibrios... debemos prepararnos para vivir con más fuerza y entrega, con fuegos artificiales desmedidos, a corazón abierto... ya no hay excusas... amor mío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario