lunes, 22 de agosto de 2011

Soñaba con mi enojo y endemoniada desperté,
salía de las entrañas,
las manos,
la sangre.
Detenía el tiempo,
la autopista y su flujo automotriz.
Te decía contundente y salvaje...
 y severamente dañada, lloraba a mares rojos
que dividían mi ayer y hoy.
Aquél jueves,
aún recuerdo tu sinceridad vestida de encuentro.
El pecho late el dolor y la lujuria del iracundo fluir.
Más tranquila,
unto una tostada y te alejo sin excusa posible.
Lastimarme no era menú,
avanzaste indebídamente.
Bueno, en un mundo ideal no habría de esto...
Y yo no podría escribir sin mi historia.
Lo interesante, es que puse fin.
Chin Chin de café con leche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario