"Saber que no me importa nada... de alguna vibración pasada"... cantaba lastimada la dama. Vagabundeaba con un ron a medio tomar, caliente quizás, imaginé. Curioso, un tango en Brasil.
Sonaba su voz a un ardor áspero de los que nunca se han curado.
Y ella era el chiste de algunos niños que la despertaban cuando se dormía de a ratos.
Mientras la playa y el morro eran mi refugio, observaba la simpática escena pues la mujer no se enojaba sino que sonreía y festejaba.
Era un juego.
Una temible desazón se apoderó de mi frágil corazón, la fantasía de llevarla, cuidarla, dejarla con una vida digna... y me reí frescamente...
Estaba tomando un trago, tranquila y empecé a reír sin poder parar! Mi vida era un lío, una increíble mierda de desorden y yo osaba querer salvar a alguien juzgando su elección o tal vez su azarosa puta suerte elegida.
Cornuda conciente, viviendo con un adicto que mentía con todo lo que había al alcance.
Qué loco, todo el día me brotó una sonrisa irónica de mi omnipotente idea. Nunca más volvería... pensaba. ¿Y si dejo mi vida como está allá... y me hago una nueva acá?
¿Quién lo notaría?... burda y cíclica proyección de los cagones que como yo, se desesperan por huir cuando no se sabe decir NO.
Otra cultura, el calor que me encanta, una posible reorganización y estar con otras personas, experimentar la alegría brasilera... total la tanguera pena no me había dado más que coscorrones en el alma y un frío húmedo del invierno porteño que no coincidía con la feliz sensación climática que ambicioné desde niña.
Así que me quedé.
Desaparecí de mi otra vida. Mi gente confundida me narraba presagios de errores incalculables… no escuché y me afirmé en la arena y su fina blancura. Trabajaría de todo, eso no importaba… la profesión no me llenaba y lo único verdadero era una falsedad inventada por mi pastosa ilusión.
Empecé de nuevo.
VAGABUNDA!!!!!! Me gritó mi ex pareja cuando llamé para informarle y dejarle todo intacto.
Gracioso, ¿¿no???
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