sábado, 13 de agosto de 2011

Oda a la Desobediencia.

 
Y qué, si no sigo ciertas reglas, 
y tu infierno se vuelve un puerto en el que no haré desembarcos.
A partir de hoy escapo de tus palabras, que camufladas enredan,
mi razonar lógico y cansino.
Del pulsear constante de tus ideas... fuera!
Me voy de vos,
te echo de mi alma entorpecida
por tu piel, otrora tan mía.
Dejo mi cordura, mi buen trato,
mi don explicativo.
Me rescato feliz de la que fuese.
Abandono tu pena, 
tu mirada clara,
nuestras tardes de andanza,
las montañas heladas. 
La vida en común, tan unida a todo y a nada.
Mi desobediencia, busca ser 
un acto de rebeldía, 
de independencia, de autonomía.
Un coraje conseguido a tono con la sufrida
forma en la que esperarte me ha indignificado.
Me animo, me planto.
Me despido.
Me decido.
Hoy. No mañana.
Y que se acabe este ridículo pesar
de muerta en vida.
Que se caigan las hojas, 
y al invierno enfríe y duela mis ramas,
y a esperar los brotes.
Y las nuevas ganas.
Sin tapujos.
Sin revueltas.
Sin retrancas.
Desobedezco a mi,
más que a vos, mi amor de ayer.
A este don imbécil de sucumbir
permeable a cada omisión tuya
o pasión no correspondida.
No más fidelidad al amor,
por el amor en si,
por hacer la guardiana.
Desobedezco indómita,
y te digo chau, no hay más de mi para vos,
ni así para nadie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario