SINCERICIDIO
Como si lloviera por dentro
la mujer se apoltrona genuina,
su cabeza descansa aturdida
sobre el triste vidriado sin sombra.
En algún otro soporte,
angustiado, está él;
cuyo andar se ha mojado
de tinieblas y velos y callos.
Sangran aún las sincericidas verdades.
¿Qué necesidad de decirlo todo?
Oscurece y el pavimento hace brillar
los colores de la soledad de un martes
para no olvidar.
Atraviesan y repasan una frase mortal,
un torcido instante
donde la conclusión detonante,
mandó el amor a un rincón.
La verdad es que ya está dicho,
y los corazones partidos
sin aparente arreglo
simulan lanzarse al cortante llover
mientras se hielan con suerte
para no sentir, ni pujar, ni latir.
(Adentro, llueve más que afuera...
Llorando la terquedad del yerro amoroso más común:
hablar demás).
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