Surgió una ruta de viaje de esas que quedan truncas y nadie repasa con pasar cansino al menos, por demasiado turismo... por atracones de tiempo... por inútiles reniegos donde afianzar una forma de llegar se torna milagroso, y la cordura supera la fantasía y el paraje sin historia permite más mitos aún...
Así que el hombre muerto del salar no fue rescatado, la mujer aún queriendo ser y lo sombreros en vidrieras de San Telmo a la búsqueda de salvadores torpes que sin darse cuenta cumplan con la quita del hechizo... duelan los hechos simples y concretos.
No se juega con la expectativa de la gente, mis amigos soñaban ir y el camino los separaba y abundaban en descuentos de sueños mientras mi prisión terminaba y no anticipaba yo que afuera, todavía, habría faltante de deseos.
Porque uno cree que la libertad es libre, y al estar encerrada caí en gracia y realidad. Nunca es libre toda ella, pobre ilusa, paisanos en estos menesteres; nosotros.
Fueron a buscarme V y F, mis viajeros de sombreros intrépidos y gozosos... temiendo mi caída y admirándose la estampa con la que supieron delegar la Piedra Pomez y El Salar del Hombre Muerto para otro ir futuro; sorprendiéronme en la puerta de mis rejas negras de carcelaria inexperta.
Debilitados de respuestas y embelesados de vivencias, no dudaron en traerme una cosa maravillosa... color... AMOR.
¿Qué? ¿Qué, cuál es? Obvio el rojo. Mucha sangre, pasión y ternura. Porque yo los veo y observo la bravura del amor posible y cotidiano, un souvenier que no podría haber estado mejor a esta altura de la libertad lograda, no toda. Ni dudar que fue difícil decir lo otro...
Pero, ¿quién te deja hoy en día, un pedacito de AMOR como regalo?
Me consolé cual niña a la que le han acariciado el cabello hasta dormirse y la cubren de estrellas en la noche fría, protegida de maliciosos cuentos y palabras vanas.
Queridos... me encantó la visita y nuestras risas y encuentros que detonan ideas literarias y amorosas... por más, por uds, por nos.
ResponderEliminarEn lo bueno, y en lo no tanto.
Sil.