"Había una vez un lugar donde se podía ser sin hablar de política, ni credos, ni valores, ni disturbiantes ideologías, ni nada que fuera inconveniente... entonces se hablaba poco y dialogaba menos... Hasta que un día llegó un mendigo que resultó Rey y contó de las maravillas del mundo y todos accedieron a soltar ideas, mientras su compañera Reina decía ironías, tocaba temas imprudentemente divertidos y me hacía descollar de risa.
Entonces hubo intercambio entre pares y la fiesta se creó en un ratito, distendida de tonteras y sin razones, librada de presagios enjuiciadores.
Por esa ocurrencia fortuita, hubo más y todos volvieron y fueron ellos, y no unos de cartón y se aliviaron los mares de furia y miedo en rojo vergüenza y surgieron las manos entregadas y dulcemente veraces que se apretaban fuertemente, para no perderse, otra vez en ese mar de rostros y nada".
No hay comentarios:
Publicar un comentario