viernes, 14 de octubre de 2011

El Rey Y la Reina enfiestados

"Había una vez un lugar donde se podía ser sin hablar de política, ni credos, ni valores, ni disturbiantes ideologías, ni nada que fuera inconveniente... entonces se hablaba poco y dialogaba menos... Hasta que un día llegó un mendigo que resultó Rey y contó de las maravillas del mundo y todos accedieron a soltar ideas, mientras su compañera Reina decía ironías, tocaba temas imprudentemente divertidos y me hacía descollar de risa.
Entonces hubo intercambio entre pares y la fiesta se creó en un ratito, distendida de tonteras y sin razones, librada de presagios enjuiciadores.
Por esa ocurrencia fortuita, hubo más y todos volvieron y fueron ellos, y no unos de cartón y se aliviaron los mares de furia y miedo en rojo vergüenza y surgieron las manos entregadas y dulcemente veraces que se apretaban fuertemente, para no perderse, otra vez en ese mar de rostros y nada".

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