Una vez que gano…
Ayer tuve un sueño de lo más raro. Sé por qué lo tuve. Ayer liberé algo. Leí una poesía que te había escrito y algo floreció. Un vacío lleno de cosas, de almas, floreció. Y ese fue el momento en el que me di cuenta que ya nunca nada sería igual. Y mi inconsciente, como siempre, una mierda. En el extremo. Pero esta vez, por fin algo bueno. Entonces… era un jugador de fútbol y me encontraba jugando en el Barcelona, el equipo más grande de Catalunya. Festejaba un gol. Mi inconsciente se permitió llevarme directamente al festejo ¡Que momento! Ni siquiera se preocupo en pasar los nervios de la definición, de la jugada, del pase, de la concentración ni de la conversión. No. Ya nada de eso era necesario ¿tan mal estaba? Directamente el festejo. Alguien me abraza. Lo miro: ¡es Messi!. Me abraza y festeja como si me conociera, como si fuera su amigo ¡¡Gol!! Me grita en la cara mientras me abraza tan fuerte que un homofóbico ya había cargado su itaca en la tribuna… ¡No lo puedo creer! ¡Juego en el Barcelona! Alegría. Sorpresa. Objetivo cumplido. Jugás con el mejor del mundo, hacete cargo cagón. Y te paras en el medio de la cancha y te ves en la pantalla gigante. Es la repetición de tu propio gol. Es cierto –pensás- metí un gol.
Y despertás. Desperté.
Al abrir los ojos me sentí algo raro. La banalidad de las sabanas me devolvieron rápidamente a la realidad temprana. El mensaje estaba llegando. No era Messi, ni jugaba en el Barcelona, pero algo había ganado. Me sentía ganador… MUY ganador. Y sentí placer. Algo de miedo también, pero el placer era mayor. Esto se lo tengo que escribir a Sarita –pensé-, una vez que gano…
F.
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