Desde que en la paradoja de proponerse ser libre se encontró perdido y cantando para la libertad... se sintió Serrat, pero se la aguantó porque eso le daba cierto estilo con las minas.
Sin haber sido un sex-simbol, menos el de mejor chamuyo enganchó dentro de la corriente meditatríz una veta algo suya que lo había esperado años.
La mujer de la estola, igual lo deslumbró, no parecía meditadora, sí reflexiva y algo loca... sobre todo daban ganas de llevarla a una cama y no meditar lo que iría a pasar.
Sucede que ella se fue sin saludarlo; él quedó pagando y con su perfume entre los labios. No se qué evento masivo tenía la muy mundana que se durmió una siesta en pleno curso y dejó el flechazo bífido con la pregunta por el sufrir... ser colega lo acercaba, se decía sin tapujos ni mentirse...
Entonces calculó que Buenos Aires con tan poco aire estaba cerca aunque él viviera allí y que ella sería una linda brisa para volver a respirar. No supo que la mujer, se sentía culposa de su incoherencia polite cuando partió en apuros de la mano de un amigo muy apremiado por cambiar de lugar a cada rato. Y desde el bar le mandó a la reciente amiga de ambos, un mensaje de salutación y perdones.
Cosa que a él le hizo perder la cabeza y empezar a fantasear cómo sería reconocer sus recovecos pequeños de lindura empequeñecida y ella... sería de quedarse o irse? ¿Podría gemir roncamente sus intrusiones dulces?¿ Cabría todo él en ella?¿Podría mirarla dormir, con la confianza de la desnudez como vestido?
Suponiendo que sí, que sí, sí y sí... la adornaría con pétalos de rosa y la enjabonaría de versos, aunque lo mirara con ese desdén de tigresa que no se deja cazar. Aunque gritara que la suelte o lo hiciera firmar las mil y un garantías de no lastimarla, ya que sospecha él, una minina en el fondo de esos ojos negros como el vacío del mundo.
Elucubrando todo esto, ni se dio cuenta y viendo un nuevo email se alegró cuando el asunto y su nombre coincidían en su ansiado deseo y empezó a leer...
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