lunes, 12 de marzo de 2012

RUPTURA- cuento



RUPTURA

Calculaba que las cosas no fueran como siempre, de pronto se jugaba en mí una pesadumbre inédita que me dejó de cama.
Supe que no había una vuelta más que la de rosca que me dejaba a salvo del perdón inusitado, nunca más abriría esa puerta.
Sotretamente se entregó a su huida y, cuando lo hacía no volvía.
Sin idea de su paradero y con las flores marchitándose en el baúl del Falcon añejo me largué a la ciudad como si fuera la ruta hacia la verdad de mi acertijo. Obnubilación y temor de ser imprudente, atrasada en mis pensamientos también yo huía.
Cálida y tenaz, la resolana atardeciente me llenaba de nostalgia y otorgaba un hogar donde transitar las cosas del querer que tanto me habían quebrado. Solución a medias de tanto rollo malparido que se apeaba fuerte del olvido sin logro efectivo.
Cabía preservar ese lugar interno donde la mirada del otro te hace añicos para poder librar la repercusión a solas. La tristeza de todos los abismos y un cruce íntimo como antídoto del daño, bastarían por ahora para ir hacia la solitaria entrada final.
...
Futilidad de la entrega que no asegura ser cuidadosa, las paredes de la casa se esfumaban de colores buenos evitando la acogida. Negrura y sal en la herida. Cataclismo ácido al que me rendí.
Dormiría hasta poder dormir, no había plan ni apuro por resolverlo. Anuencia de la vida que permite flotar aún en un ir barranca abajo y afloja el azar una piedra cual estratega donde descansar el mareo de la intensa marea psíquica y volver, eventualmente, a reír.

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