nada de lo que abunda no daña se dijo moribunda por el atracón malvado que su ingenuidad había quedado en contestar y no pudiendo se mordió la mano por no quedarse ese vuelto que vomitado y todo no cedía en su pestilencia
buscaba la cama y no encontrando se quebró en el piso de la estancia y socavó la manta del silencio sin saberla allí
el universo manso de todo sufría y lloraba y no tardó en caerse para el lado izquierdo, el que él usaba para llorar cuando ella se iba sin aparentes razones
no volvió a dormirse, nunca ya
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