viernes, 30 de diciembre de 2011

SIN EL PAN Y SIN LA TORTA

- Si la timidez fuera ceniza yo sería todos los ceniceros del mundo añorando ser distinto.

La frase sonó tan poca cosa que lo insólito no quedó registrado como en cambio las delicias de sus ojos claros que accedían modestos a las miradas feroces de la mujer pelirroja. Se la veía embrujecida de odios y no se animaba a adorarlo.
El joven jugaba con sus rulos enmarañados y olía a transpiración nueva.
Cada fibra de sí se debatía de calor-

Los invitados parpadeaban la luna que salpicaba de plateado el parque mientras los ladridos de un sexo feroz se instalaban en su garganta entre ahogos y muérdagos no vividos.
Tenía tantos besos que había guardado y ahora estaban mustios. Podridos. Insanos.
Que odió a la muchacha piola que alegremente, luego dijo el chico-el hombre, se llevó sus suspiros endemoniados de alcohol y poemas húmedos de rocío-

Hay historias que no continúan y siguen en las mentes fantasiosas... nunca se va a saber qué llave abría la bóveda.

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