LO EMPUJÉ.
Con tanto ardor que no supe hasta el verlo volar que el aparador de la cocina era tan ruidoso.
Al encontrarme él fue contundente en el reto, tanto como la culpa naciente que recuerdo como primer experiencia del mal que la cultura siembra y no extirpa más que desde la resignación de asociar libremente mientras el analista escucha y cobra al inconciente su peaje.
Junto con algunos pasajes similares, es de las cosas que perennemente permanecen.
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