Escribió durante toda la noche hasta gastar la letra muerta del teclado. La urgencia febril contracturaba sus sienes mientras drenaba el ahogo producido por un enojo cansino y cursi. Y se internó en su recuerdo, transcribiéndose en tercera persona:
Manuel no pudo con su porte de macho y se vistió de mujer para agradarlo. No se le iban a caer los anillos ni nada.
La otredad del momento lo distanció bizarramente del hecho amatorio. A kilómetros su vozarrón lloraba sin consuelo los ideales perdidos. Pero ahora, ahora agarraba fuerte la baranda de hierro mientras se bendecía por astuto sabiendo que su trasvestido cuerpo iba a comer doble ración hoy.
Mientras le dolía horrores miraba la sotana que una hora después estaría frente a los feligreses ofreciendo su perdón.
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