Las mil preguntas que tenía para hacerle se derramaron tan inquietas que me quedé sin libreto.
Ella dijo que se iba a quedar poco, no cumplió. Y todos aprovechamos la esencia de dulzura que te entibiaba el alma al conversarle. No hubiera querido dejarla pero no había más que aclarar y el sueño de viajar me esperaba en un estado donde el pasaje se vencía a cada minuto.
Una ansiedad sempiterna me acomodó en el avión y aquello quedó, simplemente, atrás.
Ahora, a la distancia, creo que fue la última vez que vivimos un momento mágico entre mujeres de la familia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario