Soñaba que se perdía y volvía a vivir.
Había chances de otros caminos, sin embargo, algunos los renovaba a ciencia cierta de saberlos perdidos.
Sabía.
El laberinto aparecía dudoso y tentador, suavemente se deslizó por agujeros y valles.
Lo que pudo es esquivar la angustia de esa gran reina del revés que la atormentaba de cosas y la hacía chiquitita.
Afortunadamente su conejo blanco no era tan blanco y cedió apuro.
Suspendida en el mapa, los ríos eran de menta y chocolate.
Pudo apreciar la instancia de nacerse y escucharse berrear de júbilo.
Casi sin frío, qué importante, se volvió a dormir.
Las cuentas hechas.
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