viernes, 6 de enero de 2012

Juego de reyes

Cuando era muy niña, aún crecida también, la emoción de recibir a los reyes magos superaba toda añoranza de regalos. No dormía, manojo de nervios, instalada en la honda y solitaria veda nocturna que prodigaba sonidos y estrellas mientras vencida ignoraba al sueño. Y por la mañana era el paquete, o los, no importaba realmente.
Era el haberlos visto, escuchado, olido, ver su comida desierta y los restos de anhelo de una infancia que no quería saber...
Todos los 6 de enero, de algún extraño modo, vuelvo a ser esa niña inexperta y sabionda que predomina en ilusiones dulces de agua y pasto en el establo de Belén.

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