Será que la pena tiesa atraviesa ajena como daga ácida y se queda adherida como piel musgosa resbalando mugre y angustia.
Nadie diría, qué le pasa señor, qué le pasa hombre, qué tiene humano que le suceden tantas cosas que su rictus se congela de espasmos y da miedo al mirarlo.
Ha logrado traspasar la hora funesta donde las inquietudes dejan huella en pesadillas y la mente balancea los debe y haber que no se anima el alma a ver.
Atesora un horizonte posible mientras duda de la llegada, apuesta a estar y vencer aquellos misericordiosos pliegues del reproche en una escena perdida, en un mundo olvidado; con un hijo querido y quizá, reconquistado.
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