Un niño espera a su padre, siempre lo ha esperado. Sin saber de su real motivo, sin querer intuir que lo que hay es una gran nada repleta de promesas.
Hoy es protagonista.
Juega al Titanic y se prepara para el iceberg. Que el capitán muera es parte del juego, no supo qué hacer con su función, me explica.
Canta mientras esto ocurre, ya que él se salva, y puede ayudar a otros. Hizo un ancla que lo estabiliza y lleva un mapa de ruta más seguro contra sorpresas y desilusiones en el camino.
El barco tiene reservas de comida y no tomará más gente de la convenida.
Su película termina con el sólo perecer de su encargado principal. Y con su muerte, la vida...
Ahora tiene músculos en su flaco cuerpo, es amado por otros y cuidado.
Ahora es fuerte, lo acreditan sus brazos, me muestra con sus menudos diez años toda un recorrido de andarle a la pregunta por su padre.
Hizo, también, una alarma contra rufianes, eso para la guerra, te sirve. Asegura contento.
Y cuando su papá fue a verlo sorpresívamente, se alegró, pero sabe que puede poquito... y sus canas le dieron dimensión del tiempo de no verlo y su cambio.
EL TIEMPO PASA PARA TODOS. Sentencia.
Laborioso, atento, pide este cuento.
VOS SOS COMO LA DEL LIBRO DE HISTORIA...
Si yo le escribo sus ideas, otros niños van a aprender de ellas.
Además me enseña fórmulas que descubrió sobre cosas varias, de pronto no se siente Colón, pensaba... sino más como los indios, ellos estaban antes en ese territorio...
ELLOS LO DESCUBRIERON ANTES, VOS SABÍAS?
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