martes, 7 de agosto de 2012

VALEN

Valentina nos está conociendo.
Nos mira y tiene paciencia ante los requerimientos amorosos de uparla con gusto y apretujarla sin querer.
La actitud cuya dulzura profundiza nuestra demanda está en esos ojitos que combinados con su sonrisa nos invitan a insistir con alejarla brevemente de sus brazos paternos habituales y volverla más nuestra.
Si, pronto caminará y no habrá tanto como para tenerla hecha un arrullo en el regazo.
Gesticula y amanece una nena nueva, distinta, desconocida aún, diversa a la de la panza y tan parecida ella.
Con sus movimientos de esa época asiente nuestras caras de risa, nuestros juegos, nuestra impronta cariñosa.
Y la tenemos cual estrella solar protagonista del universo, dando fuerza a lo que vendrá, sin saber qué será, pero esperandolo.

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