Hay una raza, un grupo, no sé qué tan grande. Tienen el corazón roto, ocupado por una prótesis hecha de dolor y enojos. Sobreviven. No han podido sentir aún calores que sanan. Hay gente que nunca prueba el sabor del perdón. y perece un poco, cada día, indefectíblemente ausentes de sus vidas tal cual la sentimos los que hemos podido curar heridas y soltar.
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