Miraba la música en el aire, que danzaba y se hacía eco con el artista
era una escena sin maldad, despojada de insomnios y calumnias,
la poesía que salía al encuentro de su boca emergía libre y sellaba corazones.
Todo un mundo aparte.
Un teatro hecho de vivencias personales que acudían a sobrevolar la rutina
y holgada y vorazmente consumir cual alimento, ese arte.
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