Animada, se sobreentiende que busca su mitad aunque no crea estupideces. El romanticismo no le importa pero le tira cuando se siente sin gusto por la vida que lleva.
La coneja se quiebra dando saltos en el jardín y sus hábitos de noche se aceleran mientras el señor almacenero cierra su boliche.
Pasea por la acera. Le preguntan cuánto. No sonríe para nada, sólo al amanecer cuando busca su escondite secreto entre las sábanas que ya no ofrecen trabajo sino tranquilo sueño de sueños por venir -que se repite- están llegando.
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