Esta ranciedad del enojo mal habido, del dolor acuñado y descentrado del motivo fiel inicial
es un canto negro
que resuena en mi oído para nunca más faltar.
No admite duda ni reseña ni candores,
se mezcla con la furia del paso del tiempo y su estela de impotencia.
Se funde desde el centro de mi ser y hace carne,
y pega y lastima
y se degüella, solo.
Sola me ha dejado y hoy,
las entrañas secas se arrepienten.
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