Y cómo me gusta cuando el azar se viste de encanto y sale a buscar infelices para curarles el aliento.
Se espolvorea la vía láctea de finos hilos conductores y se acredita de misterios.
Señoras aburridas y pregonadores de quejas se lanzan al rescate cual piñata casera y los dulces caen y alimentan sus tristes almas.
Hay que ayudar a la suerte, al dios de las escalonadas felicidades ocultas.
Es preciso no olvidarlo, y si te toca, te toca.
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