jueves, 26 de julio de 2012

Cuando uno escribe, o se cree escritor, o al menos un garabateador de ideas legibles se encuentra muy a menudo con la cabeza llena de pensamientos muy literarios, de otros...
Luego de pasar por el reto íntimo de saber si son propios o definitamente robados a éstos, se franquea un permitido como el de los domingos de las dietas y se puede disfrutar con plenitud las metáforas como a mi tarta predilecta de manzanas.
El escondite perfecto de un diálogo sideral y extemporáneo de guiños entre uno que hizo historia, y el paso de uno... que se sienta sólo a decir, y que como sucede no se sabe qué pasará con esto contado.
Hoy me levanté con Mario B, en la frente.
Y me sigue, y lo he recitado entre turnos, comidas, cafés, y quehaceres domésticos pedazos de sus poemas que son una compañía para el alma y se aparecieron como una película proyectados.
Desde Táctica y estrategia, Corazón-coraza, los de Fulanos y menganas... sus diversas preguntas de azar, en fín... su Inventario todo incluso, que desde niña forma parte del grupo de mis libros de consulta, sí.
Y bueno, cada cual tiene su oráculo donde encuentra.
El mío aguarda en la escritura, entre poesías y narraciones de cuento.
No es poca cosa.

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