Hace de ese frío inclemente, dijiste.
Capaz, pensé, capaz que sí y tejía los mitones desnudos de prejuicios...
cuando uno ha logrado sentirse a salvo con otro, ya te podés morir tranquilo...
volví a sentir tus palabras como una señal ante la anestesia total, claro.
Y la tarde se vistió de buñuelos y cine,
no había duda del entorno firme.
Vos con tu preocupación jubilada y jubilosa a medias.
Yo.... con este rato atrozmente tibio donde espero la nueva mano para mi jugada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario